Con resiliencia seguiremos construyendo más ciudades felices con propósitos de vida. En la que nos valdremos de un mejor uso de la tecnología y del diseño sostenible para brindar espacios cómodos que propicien la convivencia humana. 

 

Rosalinda Ballesteros Directora del Instituro de Ciencias de la Felicidad en Universidad TecmilenioCada año, la Organización de las Naciones Unidas publica el Índice Mundial de la Felicidad, en el que enumera los países más felices del planeta. Se realiza de manera imparcial y rigurosa, tomando en cuenta seis factores: PIB, generosidad, esperanza de vida, apoyo social, libertad y corrupción. Estos son combinados con una encuesta mundial de Gallup, en la que los entrevistados califican su vida de cero a 10.

En 2019, los países más felices del mundo fueron Finlandia, Dinamarca y Noruega. México no se quedó atrás, está rankeado en el lugar 23 de entre 156 naciones. Este informe demuestra que en primer lugar la felicidad y el bienestar se pueden medir; en segundo, que el dinero no da la felicidad; y tercero, que se pueden poner en marcha políticas públicas efectivas y novedosas para aumentar el bienestar social.

Si nos vamos a estudios que miden la felicidad en las ciudades, la variedad de países y factores de bienestar se amplía. Según la lista Arcadis en Seúl, Corea del Sur, es una ciudad feliz porque sus habitantes observan que su gobierno se preocupa por ellos. La encuesta Eurobarómetro indica que Oslo, Noruega y Zúrich, Suiza, son las ciudades más felices de Europa. El índice de Bienestar de Gallup-Healthways dice que Naples, Florida, es la ciudad más feliz de Estados Unidos.

En cuanto a los motivos, son de lo más diversos. Un estudio de Suecia descubrió que las personas con tiempos de traslado de más de 45 minutos tenían 40% más de probabilidades de divorcio. Otro de Países Bajos mostró que quienes van al trabajo en bicicleta son más felices que los que van en auto. El sociólogo Adam Okulicz-Kozaryn realizó estudios en 230 ciudades estadounidenses y encontró que las ciudades grandes son menos felices que las pequeñas, y que en las ciudades más pobladas los residentes tienden a ser más infelices, aunque haya un buen nivel socioeconómico y control de la delincuencia.

A pesar de esta variedad de factores, se puede observar una serie de acciones que una ciudad debería llevar a cabo para elevar sus niveles de bienestar y felicidad. Charles Montgomery, en su libro Ciudad Feliz (2013), los enumeró:

  • Proveer espacios propicios para promover la buena salud de sus habitantes.
  • Ofrecerles autonomía de movimiento y elección de a dónde ir y qué hacer.
  • Brindarles espacios para crear vínculos familiares y de amistad con otros habitantes y compartir un sentido de propósito conjunto.
  • Ser fuente de resiliencia en caso de crisis económicas.
  • Proveer de gozo a las personas y reducir dificultades (traslados cortos, parques y zonas arboladas, banquetas, restaurantes, teatros, entre otros).
  • Crear un sentido de comunidad que promueva un destino conjunto para sus habitantes.

Actualmente, nuestro país atraviesa por un distanciamiento físico debido a la contingencia que vivimos por el Covid-19; lo que no necesariamente nos convertirá en una sociedad infortunada. Sino que, funcionará para replantearnos el sentido de comunidad que los mexicanos hemos construido frente a cualquier adversidad y, que con resiliencia seguiremos construyendo más ciudades felices con propósitos de vida. En la que nos valdremos de un mejor uso de la tecnología y del diseño sostenible para brindar espacios cómodos que propicien la convivencia humana.