0001 bess skysesne bydAnte la creciente demanda propiciada por herramientas de IA, los sistemas de almacenamiento de energía se convierten en solución estratégica.

En el marco del Día Mundial del Data Center y con el crecimiento exponencial de la Inteligencia Artificial (IA), tanto en sectores especializados como en el uso cotidiano de herramientas populares como Claude, ChatGPT, Copilot, Gemini, entre otras, surge una pregunta clave: ¿cuánta energía se requiere para que estas tecnologías funcionen?

Aunque la IA puede parecer intangible, su operación depende de una infraestructura física como los centros de datos, instalaciones de cómputo de alto rendimiento diseñadas con procesadores avanzados (como GPUs) y sistemas de enfriamiento masivo, capaces de entrenar y ejecutar modelos complejos de IA a escala industrial.

Para operar de manera continua y eficiente, estos centros demandan enormes cantidades de electricidad. Tan solo en 2024, los centros de datos consumieron alrededor de 415 TWh a nivel global, lo que equivale aproximadamente a 1.5% del consumo eléctrico mundial, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA).

En su reporte “Demanda de energía de la IA” advierte que esa cifra podría duplicarse hacia 2030 —hasta alcanzar 945 TWh— si el crecimiento de la IA mantiene el ritmo proyectado. En México, la expansión también es acelerada, la Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC) estima que el sector atraerá inversiones superiores a 18 mil millones de dólares para 2030, reflejo del dinamismo que vive la industria en el país.

Ante este escenario, contar con sistemas de almacenamiento energético capaces de respaldar esta demanda deja de ser una opción y se convierte en una necesidad estratégica. Es aquí donde el crecimiento acelerado de la IA impulsa directamente la adopción de soluciones como los Sistemas de Almacenamiento de Energía mediante Baterías (BESS, por sus siglas en inglés).

En la práctica, los BESS pueden apoyar la gestión eficiente y funcionar como grandes reservas eléctricas que capturan energía, la almacenan en baterías y la liberan cuando el sistema lo requiere. No solo actúan como respaldo temporal, sino que también ayudan a gestionar picos de demanda, estabilizar tensión y frecuencia, y garantizar que las instalaciones operen con cargas intensivas de IA sin comprometer la calidad del suministro.

Los sistemas BESS permiten que, frente a la alta demanda eléctrica de los centros de datos de IA, la operación cuente con mayor flexibilidad de la red y un respaldo energético que, además, facilita la integración de fuentes limpias. En un entorno donde la IA eleva exponencialmente la demanda energética y la continuidad operativa es innegociable, los sistemas BESS se consolidan como una solución estratégica para los centros de datos.

No es casualidad que el mercado proyecte que estos sistemas alcanzarán US$198,880 millones para 2031, de acuerdo con datos de Mordor Intelligence. Su crecimiento refleja que el almacenamiento energético ya no es complementario, sino una pieza clave de la infraestructura que sostiene la economía digital.